Las marcas de la economía colaborativa: entrevista a Albert Cañigueral

Vivir mejor con menos: Descubre las ventajas de la nueva economía colaborativa de Albert Cañigueral es el libro fruto de la experiencia directa y del trabajo diario de su autor, que se define como “un ingeniero multimedia fascinado por aplicar los modelos disruptivos  de Internet fuera de Internet.”

Cuenta en las primeras páginas cómo necesitó salir de su entorno habitual, vivir un par de años en Taipéi (capital de Taiwan), a la que miraba con ojos de extranjero, para poder llegar a comprender algunos sinsentidos de nuestra sociedad globalizada en la que “la percepción social del individuo se genera a base de nuestras posesiones”, un principio que no se cuestiona porque forma parte de nuestras creencias más arraigadas.  Relata también cómo descubrió en primera persona que el acceso a las cosas es mejor que la propiedad y que es mucho más enriquecedor invertir en relaciones personales que en souvenirs.

Si a esto añadimos la lectura del clásico de Schumacher, Lo pequeño es hermoso, y una reflexión crítica sobre las consecuencias indeseadas del capitalismo hiperconsumista, tenemos  suficientes razones para justificar el título del libro: que, sin lugar a dudas, se vive mejor con menos.

Albert es uno de los grandes expertos españoles en economía colaborativa y vive de su enseñanza, consultoría para empresas y administraciones y de su blog, Consumo Colaborativo, el principal medio de conocimiento de esta economía en España.  En su libro aparecen multitud de ejemplos de nuevas start ups que usan estos modelos y se reflexiona sobre cómo será la sociedad colaborativa en un futuro muy próximo, a juzgar por lo rápido que avanza. Me encanta la seguridad que transmite cuando afirma que “esto no tiene marcha atrás”.

P. Albert, después de leer tu libro tengo siempre la sensación de que el paraguas de la economía colaborativa es un enorme cajón de sastre que engloba iniciativas muy diferentes entre sí. ¿Podrías explicarnos cuál es el hilo conductor de la economía colaborativa, qué es lo que une por ejemplo una iniciativa de barrio como Social Toy con una corporación como Über o AirBnB?

R. Esto de ser un cajón de sastre tiene sus ventajas y sus inconvenientes. Lo que une a estos proyectos es que la tecnología facilita el encuentro y la comunicación de los participantes para resolver una necesidad (material, de servicio o de conocimiento). Este intercambio puede ser luego gratuito (couchsurfing), con un trueque (intercambio de casas) o con un pago (Airbnb). Es, sobre todo, redescubrir el poder que tenemos como ciudadanos cuando nos conectamos los unos con los otros y podemos establecer un nivel de confianza suficiente.

P. Eludes el uso de la palabra “revolución” y prefieres hablar de un “renacimiento digital” y sin embargo esta economía es como un ciclón que va modificando la lógica profunda de los sectores en los que se introduce. ¿Quién va a querer pagar las comisiones opacas del cambio de divisas de los bancos una vez que se generalicen las nuevas plataformas P2P? ¿Qué extranjero, como tu dices, va a comer una paella congelada en Las Ramblas si, por el mismo precio, puede comer una deliciosa comida casera en compañía de gente local? ¿Esto no es una revolución?

R. Como comento en el libro, la revolución en general implica violencia, pensad en cómo acabó la revolución francesa. También implica ir “contra” algo o alguien. El caso de la economía colaborativa representa una disrupción que hace obsoletos ciertas manera de hacer las cosas, pero en la gran mayoría de casos los emprendedores no van “contra” algo sino que crean una nueva solución porque existe la cultura y la tecnología que lo hace posible.

P. En tu libro hablas de las limitaciones del PIB a la hora de medir el bienestar de las naciones.  ¿Qué nuevas maneras de medir implica la economía colaborativa?

R. Básicamente nos hemos centrado de manera miope a medir el consumo y la producción de bienes (el PIB). Hay muchas actividades que son buenas para la sociedad pero que resultan antieconómicas bajo la lupa del PIB. Lo más simple será medir el uso y la recirculación de los bienes (¿cuánto se usa el Bicing en Barcelona?, ¿cuántos objetos cambian de manos en Wallapop?...). La parte compleja es la que involucra los beneficios medioambientales y sociales. Hay gente que trabaja en medir el SROI (Social Return on Invesment) por ejemplo.

P. Otra creencia central de la economía actual de la que hablas, es que los recursos son escasos para la mayoría, aunque absurdamente abundantes para una pequeña minoría. En el libro planteas un escenario de abundancia absoluta en lo inmaterial y relativa en lo material para todos. ¿Cómo crea abundancia la economía colaborativa?

R. Compartiendo. Es evidente con temas de conocimiento e ideas. Si compartimos las ideas, éstas se multiplican en vez de disminuir. También en lo digital como la música en Spotify o los libros en Amazon Unlimited (que se acaba de lanzar en España). En lo material se trata de hacer los bienes y servicios más accesibles, pasando a entender el consumo como el uso (más económico, compartido) y no la propiedad de los mismos.

P. Está claro que la economía colaborativa, lejos de acabar con las marcas, ha creado algunos ejemplos muy poderosos, como AirBnB, Blablacar o Über que están monopolizando los sectores a nivel mundial, como sucede con las grandes marcas en la economía capitalista tradicional. Sin embargo, las diferencias existen. Por ejemplo, observo que se concede una importancia mayor a la cultura de marca –propósito, valores o principios compartidos-; se evidencia una necesidad creciente de un buen storytelling –contarte bien para “seducir” a tu comunidad- y se necesita una responsabilidad compartida con las personas de la comunidad a la hora de crear la reputación de marca.  Si desde tu experiencia como consultor y experto tuvieras que definir cómo son las marcas de la economía colaborativa, ¿qué pondrías en valor?

R. Se habla que la economía colaborativa está en su pubertad, por lo que muta y cambia la voz casi cada semana y resulta difícil de definir. Como bien identificas tienen un storytelling importante (sobre todo las de origen americano), una atención al cliente muy humana (enfocado especialmente a aquellos que producen el valor en la plataforma) y un nivel de transparencia bastante superior a lo que es habitual en empresas más tradicionales. En todo caso, en las empresas no es oro todo lo que reluce y hay mucho margen de mejora aún. Creo que la siguiente evolución dentro del sector vendrá de la mano de empoderar aún más a los participantes (como inversores y en el comité de dirección para tomar decisiones)

Muchas gracias Albert por compartir tu tiempo y conocimiento con nosotros.

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